Hace alrededor de un año, Paul Drayson, ministro de Estado para Ciencia e Innovación en el Reino Unido, lanzó un proceso de consulta que tenía el propósito de "trazar perspectivas acerca de cómo debiéramos desarrollar nuestra base de capacidades, mejorar la comunicación de la ciencia y fomentar la confianza pública en la ciencia". En otras palabras, averiguar cómo empujar hacia adelante la investigación científica, pero también cómo mejorar su comunicación y su aceptación social.
Para quienes le saben a esto, los resultados quizás parezcan obvios, pero vale la pena enumerar algunos. La consulta confirmó que existen varios retos cruciales:
- Garantizar una educación de ciencia en las escuelas que sea al mismo tiempo emocionante, exigente y de gran calidad.
- Identificar y remunerar a quienes se esfuerzan por acercar la ciencia al gran público.
- Mejorar la igualdad y la diversidad entre la comunidad científica.
- Robustecer la confianza del público en la ciencia, la investigación y sus aplicaciones.
Está de más decir que si estos son desafíos que ven los expertos ingleses respecto a su nación, en nuestro país de las maravillas los retos son los mismos pero más marcados, más urgentes, más imperativos.
La diferencia estriba en las respuestas. En Inglaterra, Lord Drayson escribió: "Lo que necesitamos ahora es acción: construir mejores enlaces entre científicos, medios, industria, educadores y forjadores de políticas al servicio de la sociedad en el Reino Unido".
Y actuó. El pasado mayo formó cinco grupos de expertos y les encargó convocar a la comunidad investigadora, periodistas, público en general, empresas, legisladores y políticos para, todos juntos, participar en un esfuerzo masivo para mejorar las actitudes culturales hacia la ciencia.
Uno de esos equipos es el llamado Grupo de Expertos en Ciencia y los Medios, y trabajó en los siguientes meses bajo la coordinación de Fiona Fox, directora del Centro de Ciencia y Medios (SMC, en inglés).
Tuve la ocasión de escuchar a Fiona en dos mesas de trabajo el pasado julio, durante la Conferencia Mundial de Periodistas Científicos, y puedo describirla sencillamente como una mujer hiperactiva, arrolladora, impetuosa, brillante y me imagino que implacable. Desde hace ocho años dirige el SMC y en la conferencia fue una de las bujías de contenido.
Fiona empezó a trabajar con su grupo en el desarrollo de un plan de acción. Se establecieron actividades, trabajos, consultas, con los siguientes propósitos:
- Ayudar a equipar a los medios con capacidades para promover un reporteo responsable y efectivo de la ciencia.
- Desarrollar medios para lograr que más miembros de la comunidad científica actúen como intermediarios con los medios.
- Explorar las posibilidades de extender el alcance del Centro de Ciencia y Medios.
- Trabajar con quien sea necesario para estimular programas de ciencia de gran calidad, dirigidos a muchos públicos y a través de muchos canales de comunicación.
- Aprovechar la campaña titulada "Ciencia: ¿y qué? íY todo!" para promover una representación más apropiada de los científicos en los medios.
Etcétera.
Bien, pues el equipo que trabajó con Fiona acaba de publicar los resultados de sus deliberaciones, un informe llamado Ciencia en los medios: asegurando el futuro, que se puede descargar haciendo clic en el título y que es un documento de 62 páginas que no tiene pierde. Anexos y otros materiales se pueden descargar aquí.
El reporte señala que los trabajos del equipo se enfocaron en cuatro temas: capacitación en periodismo de ciencia, programas de ciencia, el futuro del periodismo de ciencia, y transparencia.
Y tal como era de suponerse con alguien como Fiona al timón, el documento que produjeron es más que simple papel: comprende una batería de propuestas para "apuntalar" al periodismo de ciencia, que empiezan por designar a un funcionario de nivel nacional que tenga como su misión primaria enseñar a periodistas no especializados a reportear material de ciencia.
La propuesta ya tiene hasta un campeón: la Real Sociedad Estadística aceptó crear un puesto a nivel coordinación nacional para esta cuestión, a condición de que se logre fondear la iniciativa.
El documento también propone crear un Centro para Programas de Ciencia que ayudaría a científicos y productores de programas a crear materiales atractivos, vendibles, sensatos; un nuevo esquema de becas que permita tener a más reporteros activos que sepan de ciencia; propuestas para capacitar mejor a los funcionarios de relaciones públicas; la creación, en una institución de alto nivel, de una Oficina para el Reporteo de Investigación, obviamente en materia de ciencia, y el establecimiento de una Comisión Nacional sobre el Futuro del Periodismo.
Según Fiona, "el mensaje sombrío que llega de los Estados Unidos, donde los medios están desangrándose de sus mejores reporteros de ciencia, es que debemos actuar ahora para proteger las ganancias que hemos logrado en el reporteo de ciencia en años recientes".
El reporte, dijo, es una convocatoria abierta "para que todos aquellos a quienes preocupa el reporteo de ciencia empiecen a pensar creativamente acerca de medios para apuntalar el periodismo de ciencia sin minar su independencia".
El mismo día en que se anunció el documento, Lord Drayson respondió, reconociendo que el plan contiene varias iniciativas para mejorar el perfil del periodismo de ciencia, los programas con este tema y la construcción de un ambiente más favorable a la invstigación.
"Me siento particularmente contento por cuántas organizaciones, desde la BBC hasta el Fondo Wellcome y RCUK (Research Councils United Kingdom) se han comprometido a emprender acciones. Ahora el gobierno considerará las acciones y recomendaciones propuestas".
Sé bien que el Reino Unido no es México, y que estamos lejos de los ingleses en mil y un detalles, pero no puedo menos que preguntarme si no podremos copiarnos las mejores ideas de este análisis, al menos para plantearlas en un foro de discusión para empezar a movernos en el mismo sentido que los periodistas de ciencia británicos.
Sí, los ingleses ya tienen una larga tradición en este sentido, con algunas figuras de primera magnitud, auténticas estrellas. Pero nosotros tenemos también algo de historia, si bien más deshilvanada, y de momento andamos como gallinas descabezadas, cada quien por su lado, reciclando esquemas, batallando como todos los mexicanos, sin tener claridad, compañerismo, espíritu de lucha ni otros atributos para levantar la cabeza.
Me consta que hay inteligencia; me consta que hay experiencia; me consta que hay talento, y por supuesto que tenemos buena ciencia. Quizás nos falta una figura como Lord Drayson, que impulse la investigación desde el nivel de una secretaría de Estado, y por supuesto que nos vendría de perlas una media docena de Fionas Fox. Acaso así podríamos saltarnos algunos decenios y dar un buen brinco hacia adelante. De otro modo, estamos fritos. Vale.
