Menos México en el mundo

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Sede de la Unesco en París, 1958 - United Nations Photo

Hará cosa de una semana, en reunión que sostuvo con los embajadores y cónsules de México en el exterior, el presidente Felipe Calderón los exhortó con vigor a contar también lo bueno, a recordarle al mundo que nuestro país es más que una guerra de narcos, más que una olla de corrupción, más que una democracia de ciegos. Los invitó, en resumidas cuentas, "a poner más México en el mundo y más mundo en México. A poner en alto el nombre del país".

Días más tarde salió a relucir que el mismo presidente Calderón había ordenado, en nombre de la austeridad y de la crisis que todos hemos padecido en mayor o menor grado, cerrar la representación de México ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, la Unesco. Según el mandato, las funciones que cumplía este cuerpo pasarían íntegras a la embajada de México en Francia.

De inmediato salieron muchas voces de intelectuales a criticar la medida. Sacaron a relucir una ristra de nombres ilustres. Jaime Torres Bodet, Miguel León-Portilla, José Luis Martínez, Pablo Latapí, Silvio Zavala, Porfirio Muñoz Ledo... Parecía como si cerrar la oficina fuera clausurar la cultura y condenar al país al destino de un ranchito bananero.

Muñoz Ledo, siempre brillante, dijo que nos verían aún más como un país sanforizado, y que el proceso es parte de la "jibarización" de México. Víctor Flores Olea, que también fue representante del país ante la instancia de la ONU, dijo que la medida, a la que calificó de "ultraje", exhibe la barbarie y el desprecio del mandatario hacia la educación, la ciencia y la cultura.

El Consejo Internacional de Monumentos y Sitios Mexicanos (Icomos) lamentó se decidiera cerrar la oficina "de un solo plumazo con la motivación de ahorrar dinero", en la misma semana en que se anunció con fanfarrias la celebración del programa Discutamos México, para cantar loas a la cultura nacional.

Corríjanme si me equivoco, pero yo de entrada pienso que en sentido absoluto la medida no es el apocalipsis que dejan entrever estas opiniones radicales. En sentido absoluto, estamos en crisis y sí hay que ahorrar donde se pueda.
En lo que ya no estoy de acuerdo para nada es en que sea precisamente en estos rubros donde se quieran ahorrar cacahuates. Con todo respecto, cualquier mexicano con dos dedos de seso puede enumerarle al jefe del Ejecutivo o al Congreso una docena de rubros en los que se puede ahorrar más, mucho más, sin hacer quedar a México como un país tonto y pragmatista.

Otro opinador, el diputado perredista Alfonso Suárez del Real, puso el dedo en otra llaga mas en este caso. "Tenemos conocimiento de que la embajada de México ante el Vaticano no se está tocando, sino que su presupuesto se incrementó, cuando esa embajada es eminentemente simbólica y no tiene la importancia de la oficina de México ante la Unesco".

Ahí está otro detalle grotesco. Un Estado pretendidamente laico, ávido de cultura, ciencia, educación (los indicadores no mienten), aprovecha la escasez para cerrar algunas de sus conexiones con la cultura, la ciencia, la educación, al tiempo que dobla la rodilla ante una de las instituciones que más caro le ha costado a la vida civil mexicana.

Menudo bicentenario: si el cura Hidalgo reviviera, se puro coraje se volvería a morir.

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