Dijo el presidente Calderón que el caso de José Hernández, el astronauta de padres mexicanos, deja importantes lecciones que deberíamos aprovechar, sobre todo los chavos. Su ejemplo, dijo, "es una muestra de que con voluntad, con esfuerzo, con perseverancia, es posible llegar muy lejos y llegar muy alto".
¿Cuáles son las lecciones? El Presidente citó dos. "La primera, que sin preparación, sin una educación que nos dé las herramientas adecuadas, difícilmente podremos alcanzar nuestras metas".
Luego dijo que por eso es clave garantizar a la chaviza una educación de calidad, sobre todo en el tema de ciencia y tecnología.
La segunda lección: "que la ciencia y la tecnología son claves para el desarrollo y para el progreso de México".
Luego soltó la directa de que ojalá todos los tomadores de decisiones cambien la mira para apuntar, otra vez, a la ciencia y la tecnología, porque es éste el que en verdad "puede transformar al país".
Calderón se dijo seguro de que apostar a la ciencia y la tecnología es "apostar por el progreso de la Nación".
Yo no podría estar más de acuerdo con estas dos lecciones. Sin educación no tenemos futuro, y si la educación no se concentra en ciencia y tecnología como ejes de desarrollo, no nos conducirá adonde queremos ir.
El problema es que el Presidente olvidó citar una tercera lección: para lograr sus sueños, al astronauta Hernández no le bastó con la perseverancia y el entusiasmo; tuvo que emigrar y ubicarse en un contexto donde la perseverancia y el entusiasmo pudieran "prender" y conducirlo al éxito.
Ahí es donde la cuestión se complica, porque en nuestro contexto el gremio magisterial se ha resistido, en nombre de los intereses particulares, a entrar en el juego de la mejora. Es una piedra inamovible.
Y los tomadores de decisiones también están participando en una muy particular perinola, una que tiene tres lados que dicen "otros ponen" y tres que dicen "toma todo".
En el contexto nacional, los chicos carecen de modelos a seguir: la realidad cotidiana les restriega en la cara que el trabajo intelectual no paga, que el que tiene más saliva traga más pinole aunque apenas sepa leer. El México de la maestra Gordillo, de Juanito, de los legisladores convenencieros, ofrece menos oportunidades que las agotadoras jornadas en la pizca allende el río Bravo.
La lección final: tenemos que cambiar radicalmente, ya, nuestro contexto. Y ahí sí coincido con el astronauta y el Presidente: el cambio tenemos que hacerlo poniendo a la ciencia en el centro. No porque ofrezca recetas mágicas para salir del hoyo, sino porque la experiencia mundial indica que ahí está la clave.
