El lado negro de la sonrisa dientona

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Barbara Ehrenreich - Flickr/now_photos

El aprendizaje es un proceso a través del cual llenamos nuestro morral mental con datos sueltos y, con una poca ayuda del sistema educativo, aprendemos a conectarlos entre sí para irnos creando una imagen del mundo. Si aprendemos poco, nuestra imagen será borrosa y estará llena de agujeros; si aprendemos mucho, quizás tengamos una mejor imagen, con más detalles.

Ahora, si yo fuera sociólogo o filósofo, aprovecharía la ocasión para insertar aquí un soliloquio sobre el concepto de Weltanschauung, pero como no soy lo uno ni lo otro, tendremos que conformarnos con el término cosmovisión. Hoy quiero compartir con ustedes una poderosa cosmovisión.

Escribí en este mismo espacio hace unos días una especie de declaración de visión que decía esto: "Lo que nos enseña la ciencia a quienes procuramos ver en ella una de las posibles salidas de la barranca, es que para aspirar a transformar el mundo, primero tenemos que reconocerlo como es, en vez de ponernos unos anteojos optimistas y falaces".

Esta sentencia fue la base de una conversación con mi esposa acerca de las realidades del mundo corporativo, y después de pasar por la famosa tesis 11 sobre Feuerbach de Marx ("Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo") terminó en forma de una frase en su nick del MSN: "¿Quieres cambiar el mundo? Míralo tal como es", o algo por el estilo.

Imagínense mi sorpresa cuando, al explorar una deliciosa reseña publicada en The Guardian, encontré que Barbara Ehrenreich dice que su libro más reciente "contiene su propio tipo de mensaje 'positivo': que necesitamos despertar y ver las cosas como son en realidad, incluso en tiempos oscuros".

El libro en cuestión tiene doble personalidad. En Estados Unidos empezó a venderse hace alrededor de tres meses con el título Bright-sided: How the Relentless Promotion of Positive Thinking has Undermined America. Y ya empezó a venderse en Europa, pero con un título distinto: Smile or Die: How Positive Thinking Fooled America and the World.

Mi crónica insolvencia me ha impedido adquirir el libro, y para compensarlo leí una docena de reseñas inteligentes y agudas que alimentaron mi hambre de leerlo y me permitieron acercarme un tanto a la historia de esta autora.

Barbara Ehrenreich, doctora en biología celular, es autora de otros best-sellers como Bait and Switch, Nickel and Dimed y una docena más. En una de sus reseñas, Kera Bolonik la describe como "la verificadora de realidad de nuestro país", una especie de reventadora de mitos muy bien considerada.

Como queda claro en los dos títulos de su nuevo libro, en él Ehrenreich la emprende contra el llamado "pensamiento positivo", una ideología peligrosa y que la autora describe como diametralmente opuesta al pensamiento crítico que se enseña en las universidades.

Su primer acercamiento a este universo ocurrió hace una década, cuando le diagnosticaron cáncer de mama. Cuando esto ocurrió, Ehrenreich se vio "lanzada hacia una cultura de listones rosados en la que se alienta a todas a pensar positivamente sobre sus posibilidades de recuperarse e incluso sobre la enfermedad misma, como si fuera un 'don'. Mi reacción instintiva fue de ira -- tanto ante mi propia situación como ante el acaramelamiento de una enfermedad que desfigura y muy a menudo es fatal".

El grado extremo al que llegó este optimismo tóxico en que se vio envuelta lo refleja el título de un artículo que escribió para The Guardian: "íSonríe, tienes cáncer!". Y si creen que esto es exagerado, se quedan muy, pero muy cortos. ¿Ah, no? Veamos: el ciclista Lance Armstrong, que sobrevivió al cáncer testicular, dijo que la enfermedad "fue lo mejor que jamás me ha ocurrido". En una columna del New York Times, la columnista Jane Brody citó a una mujer que aseguró que "el cáncer de mama me ha dado una nueva vida. El cáncer de mama fue algo que necesité experimentar para abrir mis ojos a la alegría de vivir". Y otra paciente famosa, Betty Rollin, atestiguó que se percató de que su cáncer fue "la fuente de mi felicidad... que el cáncer tenía todo que ve con cuán buenas eran las partes buenas de mi vida".

Ehrenreich, científica, se sintió abrumada, mareada y enojada ante este derroche de optimismo nauseabundo, rosado, que la inundó en listones y ositos de peluche y lemas de campaña positiva. Enfrentó su cáncer con curiosidad, leyendo todo lo que se encontró, y manteniendo viva su furia ante la ignorancia médica sobre sus causas. Luego (recuperada su vida) decidió seguirle la pista al "pensamiento positivo" y se encontró con que esta ideología, cuyos orígenes encontró a mediados del siglo XIX, había afianzado sus raíces en la cultura ultraconsumista de Estados Unidos y bien podía ser al menos una de las causas del derrumbe económico de hace un par de años.

Los textos que pude leer están llenos de ideas interesantes, de críticas sólidas y de opiniones discutibles. Sólo compartiré un par de ideas a manera de anzuelo, para que cualquier persona interesada inicie su propio viaje de exploración.

Por ejemplo, Ehrenreich cuenta cómo el "pensamiento positivo" ha creado una industria de gurús y motivadores de 21 mil millones de dólares que en esencia enseñan "la capacidad reflexiva para desechar las noticias perturbadoras". La autora sentencia al "pensamiento positivo" como una "ilusión de masas" y dice que la alternativa a este positivismo a ultranza no es la actitud negativa y derrotada: "la alternativa al pensamiento positivo es el realismo: dar la cara a los peligros igual que a las oportunidades, y planificar nuestras acciones en concordancia con ello".

Aunque algunos críticos cuestionan algunas de las tesis que Ehrenreich expone en su libro, coinciden en la relevancia de su cuestionamiento a un optimismo sin bridas que quiere resolver todo a base de wishful thinking, de una actitud mágica y negacionista que se resiste a reconocer la existencia de problemas. Yo sólo agregaría que el realismo es la única salida no sólo al pensamiento positivo, sino a la falta de pensamientos de fondo, a la superficialidad y la haraganería intelectual que tienen a países como el nuestro sumidos en una profunda barranca. Vale.

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