De seguro usted conoce aquella vieja definición de un camello: un caballo de carreras diseñado por un comité. La idea no se sostiene si se examina a fondo, pues un camello es verdaderamente una maravilla de adaptabilidad a condiciones extremas, pero a primera vista causa risa, pues parece desventajosa la comparación entre el perfil airoso de un pura sangre y la desgarbada silueta de un camello.
Apliquemos ahora la idea del camello-comité a la más novedosa idea producida por nuestros genios federales. La semana pasada me preguntaba aquí sobre el valor potencial de una posible Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación que propuso la Academia Mexicana de Ciencias. Ahora quiero cavilar sobre lo que respondió en los hechos el Gobierno.
¿Qué hizo? Algo en lo que está muy versado: crear un comité. Y para ir acordes con la jerga en vigor, será un auténtico comité de notables. El nuevo engendro se llama Comité Intersectorial para la Innovación, y estará formado en su núcleo por tres pezzonovanti: el secretario de Economía como presidente, el director general del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología como vicepresidente, y el secretario de Educación Pública.
Pero un comité de tres es poca cosa. ¿Para qué hacer algo tan pequeño pudiéndose integrar un armatoste? El CII o como se llame tendrá "invitados permanentes": los titulares de las secretarías de Energía, de Medio Ambiente y Recursos Naturales, de Salud, del Trabajo y Previsión Social y de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación. Además el coordinador general del Foro Consultivo Científico y Tecnológico, representantes de la Asociación Mexicana de Secretarios de Desarrollo Económico, de la Conferencia Nacional, de Ciencia, Tecnología e Innovación y del Consejo General del Sistema Nacional de Centros de Investigación.
¿Quiere más? Por supuesto, habrá también integrantes de los sectores productivo y académico, y los primeros participantes de este rubro son notables bien conocidos: Francisco Bolívar Zapata, investigador emérito de la UNAM; Jaime Parada Ávila, que dirigió el Conacyt y preside el Instituto de Innovación y Transferencia de Tecnología en Nuevo León; José Enrique Villa Rivera, recién relevado como director general del Instituto Politécnico Nacional, y Sergio Ulloa Lugo, presidente de la Asociación Mexicana de Directivos de la Investigación Aplicada y el Desarrollo Tecnológico, Adiat.
Los gringos dirían que el comité tiene everything but the kitchen sink. Yo me limitaré a enumerar los objetivos del comité: 1) promover que los trabajadores se eduquen, aprendan y desarrollen sus aptitudes; 2) estimular inversiones que apoyen la investigación, el desarrollo y el capital de riesgo, y 3) fomentar la creación de una infraestructura en la que florezca la innovación, es decir, un ecosistema que contenga redes de conocimiento, sistemas regulatorios, marcos de protección intelectual y mecanismos para administrar la innovación y el conocimiento.
Muy bonito. Le atribuyen a Einstein haber definido a la insensatez así: "hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes". El nuevo ente es un ejemplo perfecto de esta definición. Sería fabuloso que me equivocara y que el CII resultará ser el fulcro o la catapulta de una revolución innovativa en México, pero me temo que por incluyente que sea este experimento, la historia nos dice que la realidad será muy otra. Y esto no es pesimismo, sino escepticismo informado. Vale.
