Extraen proteínas de fémur de dinosaurio
- Estudio confirma reporte de hace dos años que fue recibido con escepticismo
- En el hueso hallaron desde vasos hasta células y una matriz fibrosa
Una paleontóloga rebelde y un aliado se salieron con la suya. Cuando, hace dos años, dijeron haber sacado colágeno de un pedazo de hueso de tiranosaurio, los expertos vieron aquello con escepticismo y como hijo de la casualidad. Pero ahora llegó la hora de la venganza, en forma de un estudio más sólido y apuntalado como para acallar al crítico más ruidoso.
Es otro el dinosaurio, pero los resultados son aun mejores. En esta ocasión, el fémur de un dinosaurio pico de pato produjo moléculas de colágeno y además evidencias de hemoglobina, elastina, laminina y más detalles que, según el saber convencional, no deberían existir.
Los científicos así reivindicados son John Asara, director del Núcleo de Espectrometría de Masas del Centro Médico Diaconesa Beth Israel (BIDMC), y Mary Schweitzer, paleontóloga de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, que publican su estudio esta semana en Science.
Fue en abril de 2007 cuando publicaron que el análisis del colágeno que hallaron en fragmentos óseos de un Tyrannosaurus rex coincidían muy de cerca con las secuencias de aminoácidos... de las gallinas. No es de extrañar que el estudio despertara una tolvanera.
Y es que el saber convencional dice que cuando un animal muere, las proteínas que lo componen empiezan a descomponerse con rapidez. Cuando se dan condiciones de fosilización, las proteínas son reemplazadas por minerales y lo único que sobrevive del animal desaparecido es el hueso, sólidamente incrustado en una masa pétrea.
El nuevo estudio parece demostrar que el colágeno y la elastina son proteínas verdaderamente hechas para durar. “Acabamos identificando casi el doble de los aminoácidos que recuperamos en el estudio del T. rex”, dijo Asara. Pero además en esta ocasión las firmas químicas fueron más nítidas de modo que se lograron interpretaciones de gran confianza.
Después de la mordaz recepción de su paper anterior, los dos científicos quedaron con ganas de probar que tenían razón. Schweitzer y sus estudiantes hicieron análisis teóricos y pronosticaron qué clase de ambiente debía ser capaz de producir fósiles mejor preservados. Su modelo les dijo que debían buscar piedra arenisca.
La suerte llegó en la llamada Formación del Río Judith, en la parte oriental de Montana, donde Schweitzer, trabajando con el legendario Jack Horner, del Museo de las Montañas Rocallosas, encontró bajo siete metros de arenisca el fémur de un hadrosaurio que vivió hace 80 millones de años, un Brachylophosaurus canadensis que en efecto estaba en magníficas condiciones de conservación.
“Esta muestra particular fue elegida para su estudio porque cumplía nuestros criterios para condiciones de entierro rápido en areniscas profundas”, dijo la experta.
“Sabemos que en el momento en que un fósil es removido del equilibrio químico, cualesquiera restos orgánicos de inmediato se vuelven susceptibles de degradación. Entre más pronto podamos llevarlo del suelo a un tubo de ensayo, mejor oportunidad tenemos de recuperar tejidos y moléculas originales”.
Philip Lars Manning, un experto de Manchester que no participó en el estudio, dijo a la revista New Scientist que aquel ambiente era perfecto porque “proteínas estructurales como el colágeno están encerradas en la matriz mineral del hueso”, que actúa como “una camisa de fuerza para el colágeno”.
Schweitzer y sus colaboradores usaron una técnica de recolección que habían inventado para minimizar la degradación, y lograron una ventaja muy importante. La diferencia fue considerable: en el primer estudio pasaron tres semanas y media desde el levantamiento del fósil hasta sus primeras fotos; ahora sólo tardaron ocho horas.
Sus esfuerzos tuvieron los frutos deseados. Después de remover el material mineral del fósil, vieron una notable preservación de los tejidos y moléculas originales. Había ahí desde microestructuras parecidas a tejidos hasta una matriz fibrosa, además de vasos sanguíneos flexibles y hasta células.
Los restos fueron luego enviados a otros laboratorios para determinar si existía colágeno, y Raghu Kalluri, de la División de Transducción de Señales del BIDMC, encontró no sólo colágeno, sino otras proteínas del tejido conectivo, como laminina y eslastina, además de otras células óseas y vasos sanguíneos. Pruebas adicionales con espectrógrafos de masas confirmaron los hallazgos, y encontraron la huella del aminoácido que indica la presencia de colágeno, prolina hidroxilada.
En suma, encontraron ocho péptidos de colágeno y 149 aminoácidos de cuatro muestras distintas que mantuvieron su identidad sometidos a varias pruebas.
Para coronar el estudio, Chris Organ hizo en la Universidad de Harvard un análisis filogenético de las secuencias identificadas para ubicar al fósil dentro del árbol evolutivo.
Los datos del colágeno de hadrosaurio se compararon con los da otros animales vivos, con los de mastodones y con los del tiranosaurio. Conclusión: el Brachylophosaurus canadensis quedó ubicado en la misma rama evolutiva que el T. rex, más cerca de las gallinas y los avestruces que de los cocodrilos y las lagartijas.
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