Cosmos, un buen principio
Cuando uno escucha la palabra cosmos, que para los griegos significaba en esencia lo contrario del caos, el orden, la imaginación, libre de ataduras, se suelta como chiva loca. Más allá del referente astronómico, conforme al cual cosmos es un sinónimo de universo, la primera referencia que yo recuerdo es la del libro homónimo que escribió el astrónomo Carl Sagan en el ya lejano 1980.
Pero los mexicanos deberíamos tener otra referencia en nuestro acervo. A principios del siglo XIX visitó la Nueva España el naturalista alemán Alejandro de Humboldt, que de su largo periplo por América extrajo una larga retahíla de obras enciclopédicas, una de las cuales fue precisamente Kosmos. De la edición en inglés de la Wikipedia traduzco un par de largos párrafos explicativos que nos acercan un poco a la idea detrás de esta obra.
Los primeros dos volúmenes de Kosmos se publicaron entre los años de 1845 y 1847. Humboldt había tratado, por décadas, de escribir una obra abarcadora sobre diferentes facetas de la geografía y las ciencias naturales. Lo escrito adoptó primero la forma de un juego de conferencias que impartió en la Universidad de Berlín en el invierno de 1827-28. En palabras de una biografía, estas conferencias formarían "la caricatura del gran fresco del Cosmos" [citado en una obra de Dickinson y Howarth disponible en línea: The Making of Geography]. El alcance de esta obra se puede describir como la representación de la unidad entre la complejidad de la naturaleza. La obra de Humboldt era en gran parte uan síntesis de los puntos de vista kantianos de la unidad de los fenómenos naturales. Integrando los métodos e instrumentación de las ciencias discretas y con inspiración del romanticismo alemán, Humboldt buscaba crear un compendio del ambiente mundial. El libro se escribió para una audiencia educada y contiene muchos datos científicos contemporáneos.
La última década de su larga vida —sus años "improbables", como solía llamarles— estuvo dedicada a continuar esta obra, de la cual se publicaron los volúmenes tercero y cuarto en 1850-58, mientras que un fragmento de un quinto volumen aparecería póstumamente en 1862. En estos volúmenes buscó extenderse sobre las ramas individuales de la ciencia ampliamente sondeadas en el primer volumen. A pesar de su elevado valor por separado, debe admitirse que, desde un punto de vista artístico, estas adiciones fueron deformidades. La idea característica de la obra, como tal idea gigantesca admitida como incorporación literaria, se desarrolló totalmente en sus porciones de apertura, y el intento de convertirla en una enciclopedia científica en verdad habría de anular su motivo generador. La notable industriosidad y precisión de Humboldt nunca fueron más conspicuos que en este último trofeo a su genio. Tampoco se basó totalmente en sus propios afanes. Debió mucho de lo que logró a su raro poder de asimilar pensamientos que no eran los suyos y de hacerse disponible la cooperación de otros. Las notas a Kosmos rebosan de citas laudatorias, la moneda actual en la que descargó sus deudas intelectuales.
Todo lo anterior no es sino el preámbulo a un anuncio positivo que dio a conocer este martes en la ciudad de México el alcalde Marcelo Ebrard: la producción, por un diverso equipo de científicos y expertos de la UNAM, la UAM, el IPN, El Colegio de México, la Universidad de la Ciudad de México, el Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica, y hasta la Universidad de Hawai, de una enciclopedia homónima, una obra que supongo monumental y que se llama Cosmos. La enciclopedia de las ciencias y la tecnología en México.
La obra en cuestión, en su formato impreso, fue pagada por el el Gobierno de la Ciudad de México, el Instituto de Ciencia y Tecnología y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y ejemplares de la misma se instalarán en todas las bibliotecas de las secundarias y preparatorias del DF. Y para hacer la obra verdaderamente más abierta, está en proceso su instalación en línea, alojada por la Universidad Autónoma Metropolitana, campus Iztapalapa.
Hasta esta tarde que estuve echando un vistazo alrededor, sólo estaban arriba los volúmenes Biología y Química. Faltan por subir cinco: Ingeniería, Física, Matemáticas, Medicina, Ciencias de la tierra, Geografía, y Ciencias Sociales y Humanidades. En una ocasión posterior comentaré sobre los contenidos de la enciclopedia. De momento sólo quiero aprovechar para anunciar su lanzamiento y para declarar que necesitamos muchos más esfuerzos de este tipo, para que la ciencia esté presente en cada momento de la vida de cada mexicano. Felicidades.
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