La buena ciencia requiere más fondos

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Francisco Castellón Fonseca, senador

Qué paradoja. Mientras que expertos de todo el mundo congregados en la capital mexicana dan muestra del respeto que se tiene en el exterior por los investigadores nacionales, los dineros para la actividad científica están en peligro de seguir encogiéndose más allá de la ignominia.

Empecemos por lo malo, para terminar con una nota dulce. Estamos muy cerca de que los legisladores determinen el presupuesto federal para 2010, y como ha sido la norma histórica, la tijera quiere entrar duro a los fondos destinados para ciencia y tecnología.

Como de costumbre, los legisladores se van de la lengua elogiando el importante papel de la investigación como una ruta al progreso, pero a la hora de la verdad, cuando se trata de repartir los fondos, enseñan el cobre asignándole fondos crónicamente insuficientes.

Por eso en estos días han salido a la palestra dos protagonistas del tema para recordarles a los legisladores la conveniencia estratégica de darle un buen empujón a la ciencia.

Primero el senador perredista Francisco Castellón Fonseca advirtió que si se repiten ahora los criterios del año pasado, cuando se le dio una buena tarascada a estos dineros, "estaremos afectando un área muy sensible del desarrollo nacional".

Ayer el director del Foro Consultivo Científico y Tecnológico, Juan Pedro Laclette, señaló el tamaño del reto al pedir a los diputados "un histórico golpe de timón", es decir, un cambio radical respecto al pasado.

Y mientras estas peticiones llegan a los oídos de legisladores cercados por toda clase de peticiones, todas ellas urgentes, todas ellas necesarias, científicos congregados en la Tercera Conferencia Internacional sobre el Código de Barras de la Vida ratificaron la recomendación que había hecho un grupo de trabajo respecto a cómo definir la identidad de especies vegetales.

Aunque parecería que los animales son más complejos que las plantas, en los hechos la identificación de especies botánicas presenta más complicaciones, de modo que se resolvió usar dos regiones genéticas de los cloroplastos, las llamadas rbcL y matK, como las zonas que se usarán para iniciar el laborioso proceso de inventariado del reino vegetal.