Alerta WEF contra bancarrota de agua

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El agua es más que el líquido que nos mantiene vivos: es también la fina hebra que teje una imbricada malla en la que participan alimentos, energía, clima, crecimiento económico y seguridad humana. En este contexto, es impensable seguir administrando este recurso como en el pasado; hacerlo así sería condenar al colapso a la red económica global.

Tan sombrío pronóstico fue presentado este viernes en la reunión anual del Foro Económico Mundial (WEF, por sus iniciales en inglés) en Davos, Suiza, como parte de la Iniciativa de Agua del WEF.

El informe asegura que el tema del agua aparecerá cada vez más en los titulares como cuestión estratégica. En 2008 los precios de los alimentos se fueron por las nubes: esto debería ser visto, dice el texto, como un aviso temprano de lo que está por venir.

En una especie de regaño global, el informe dice en muchas partes del mundo el agua se ha cobrado a bajo precio. Esto ha favorecido su desperdicio y sobreutilización.

En los últimos 50 años muchas regiones del mundo basaron su desarrollo económico en la sobreexplotación del agua, en “burbujas” que agotaron los acuíferos a costa del futuro. “Ahora estamos al borde de la bancarrota de agua en muchos sitios, sin tener una forma de pagar el adeudo”, dice el texto. Así ocurre en sitios como China, Oriente Medio, el sudoeste de Estados Unidos y la India, pero les seguirán otras.

“Conforme crece la economía del mundo, la demanda de agua aumentará y seguirá rebasando al crecimiento demográfico”, valora el análisis: si se siguen haciendo las cosas de modo tan ineficiente como hoy, no habrá suficiente agua para hacer todo lo que queremos.

“A diferencia de la energía, el agua no tiene sustitutos ni alternativas”, alerta el documento. “Simplemente no podemos administrar el agua en el futuro como lo hemos hecho en el pasado o la red económica colapsará”.

El informe traza escenarios posibles para ocho temas importantes, y algunos de sus resultados son francamente espeluznantes.

En materia de agricultura dice que para 2025, la escasez de agua reducirá el rendimiento agrícola global en un volumen equivalente a todos los cereales que producen Estados Unidos y la India, es decir, 30 por ciento del consumo global. Y esto en un marco en el que se espera que la población llegue a ocho mil millones, con una dieta más rica en carnes, que aumentará de 70 a 90 por ciento la demanda de alimentos.

¿Y el pronóstico? De seguir las tendencias actuales, “no habrá suficiente agua para cultivar los alimentos necesarios para cubrir el crecimiento demográfico y las demandas de una dieta cambiante”.

En Estados Unidos, 39 por ciento de la extracción de agua es para producir energía (en la Unión Europea, 31 por ciento). El agua que se consume es de sólo tres por ciento. Según el estudio, lo más probable es que las necesidades de energía lleven a un crecimiento de 165 por ciento en el consumo de agua en Estados Unidos, y de 130 por ciento en la Unión Europea.

“La competencia por el acceso al agua entre el sector energía y los demás se intensificará en las próximas dos décadas”, anticipa el informe. “Esto significa que el agua para la agricultura será exprimida al mismo tiempo que crecerá marcadamente la demanda de producción agrícola”.

En materia de comercio, se pronostica que los países empezarán a importar alimentos (sobre todo cultivos que requieren mucha agua) cuando la disponibilidad del líquido caiga por debajo de los mil 500 metros cúbicos per cápita por año. “Veintiún países cayeron debajo de este umbral en 2000, y otros 14 se les unirán para 2030. Esto representa a 55 por ciento de la población mundial que dependerá de la importación de alimentos como resultado de la insuficiencia de agua doméstica”, dice el texto.

Los países que hace 25 años tenían poco desarrollo pero agua suficiente crecieron en promedio 3.7 por ciento anual; países con el mismo ingreso per cápita pero que tenían poca agua crecieron 0.1 por ciento anual en el mismo periodo.

En muchas partes del mundo (centro y sur de Asia, Latinoamérica), los glaciares son el equivalente a “bancos de agua”. Tan sólo los que hay en los Himalayas y el Tíbet alimentan a siete de los ríos más grandes del planeta que abastecen de agua a dos mil millones de personas.

“Hoy esos bancos glaciales se están derritiendo a un ritmo acelerado”, lamenta el informe. “En la década de 1990, las masas glaciales cayeron a un ritmo tres veces superior al de la década anterior”. Las consecuencias se verán en unas décadas, cuando estos repositorios no existan; los análisis sugieren que estos glaciares, de seguir las tendencias actuales, habrán desaparecido para el 2100.

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