Cuando uno escucha la palabra cosmos, que para los griegos significaba en esencia lo contrario del caos, el orden, la imaginación, libre de ataduras, se suelta como chiva loca. Más allá del referente astronómico, conforme al cual cosmos es un sinónimo de universo, la primera referencia que yo recuerdo es la del libro homónimo que escribió el astrónomo Carl Sagan en el ya lejano 1980.
